lunes, 7 de enero de 2013

He dicho.


No trates de espantar a las palabras que se visten de belleza incontrolables, justo ahora que logré empantanar las decisiones y até al mástil a la desconfianza y congelé, junto a las hojas de menta, las sonrisas frías que se bañaban en la tierra de arrumacos ficticios.
No seas insoportable con las vueltas en bicicletas, no ahuyentan ni conmueven, porque en determinadas épocas soy la casa de un caracol y en otras salgo de laberintos sin necesidad de ovillos de hilos.
Ahora que ya no hay climas ni temas de conversación que importen se trata de entender el por qué de lo bueno de hoy ya no lo es al rato, al cabo de horas lo lindo es feo, las palabras de consuelo sonarán a mentiras de lástima, las caricias y abrazos tendrán el gusto de la conformidad, y la rutina, siempre andariega, tratará de convencer a las neuronas neuróticas que siga llevando la máscara de comprensión y que por dentro un vómito de inseguridad sea la sangre del corazón roído.
Mientras tanto hagamos como si nada, que el aura celestial siga entregando la calma a los pensamientos de querer fusilar tu pose; no es de mala, ni de persecuta, simplemente es para que te ahorres el trabajo de hacer que el tiempo pase desgastando ficciones de besos que no se sienten.
Pero...¿y todas esas nubes que pasan descontroladas adentro de tus ojos? ¿y todos los títulos de demencia que gané esperándote con explicaciones absurdas? ¿ y todas las oxidaciones de manos que reprimieron zamarreos incondicionales? Sin espantos las desconexiones no se impacientan, pero el codo de la Luna sale lastimado de tanto molestarla para que abrace a los sueños borrachos de catatonias. ¡Y qué madrugada asquerosa!: tu sudor de mentira, tus abrazos de silencios, tus brillos egoístas, tu respiración de libro viejo... Construís las oraciones con los miedos despojados de preguntas al momento en que las cosquillas empiezan a cocinar risitas tontas.
El aire empieza a esparcirse en forma mitológica y la asfixia es reparadora para la música que sale desde los suspiros de la Biblioteca que tantas veces nos vio escupir decisiones fetiches; porque ya el momento de crear se fugó para darse un chapuzón en la pileta llena de pasados inconclusos y objetos atascados que nada representan.
Y por eso, por retraída de no encastrar con las normas y reglas de obediencia marital te pincho con el alfiler que sujeta lo poco que queda del horror por haberte acariciado y te ahogo con la inocencia que hurtaste de los dolores.
Chau.

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