jueves, 18 de enero de 2018

no desayuno porque quedo deslizándome en la cama,
mirando como los pezones ebullen y dan textura al pecho plano.

no almuerzo, porque decidì nadar en palabras de poetas suicidas
y de postre salir a atrapar autos rotos, calles destruìdas, y cosas que no
son olvidadas sino expuestas. la miseria aceptada del derrumbe. el dolor como alarma.

hay un incendio llamado repentino.

todo arde.

se chamusca el aburrimiento.

se queman los medios

y nacen rituales.

sin vueltas, lo decìs.


y por eso

hoy ceno fuego.

martes, 16 de enero de 2018

quiero correrte entre los autos oxidados
para jugar a alcanzarte y agujerearte las intenciones y tus ropas.
esconderte algunas palabras en las camionetas que duermen eternas en las calles.
sacarte fotos. masticarte.

hay que  tratar de empujarlos. llevarlos; porque
si se logra nacer un ruido, podemos subir e irnos
hasta algùn instinto.

hay incendiados, agonizantes, sin ruedas, con asientos.
hay muchas botellas de vino y rejas cortadas, ventanas sin vidrios.
nylon y carteles de infracciòn.


tengo la mano transpirada, sudada, asì que todo se irà resbalando.
pero igual  acompañame hasta estos lugares que tengo marcados en el mapa;
quiero entrar, pisar el acelerador, injertar las partes faltantes.
bajonear entre los fierros. planificar vacaciones.
escupirte.

te estoy invitando. y un poco inventando.


lunes, 15 de enero de 2018

Creo que es una manera sin sentido de viajar a travès de los tiempos.O de un tiempo. O de ningùn tiempo. Sòlo viajar. Un portal còsmico y de papel.
La salita llena de gritos y crayones desparramados. Algunos pelos enchastrados con caramelo masticable.
Miro de lejos. Me creo superior porque leo a Bloy mientras ellos aprenden las vocales. Y vuelvo a nadar en palabras. Huelo el matecocido sobre el escritorio y vuelvo a potenciar la imaginaciòn. Vuelvo asì. En pequeñeces.

¿Què leíste hoy? pregunta ida mamà. Es el momento del dìa que la escucho hablar.
Mamà que hace ejercicios porque dice estar gorda con sus 38 kilos; y grita por todo, y llora por nada  y dice que se quiere morir o vivir hasta los 32 "¿para què màs?"pregunta incisiva, mientras sostiene el cuchillo con mango de hueso de ciervo. Y yo abrazo a Banana, el mono trapecista. Abrazo a Chicharròn y los clàsicos de Perrault. Abrazo con fuerza al soldadito de plomo, y a un Tolstòi. Abrazo a Whitman, Woolf  y unas cumbres borrascosas. Abrazo mis edades palabreras. Resisto.
Hago equilibrio en la poesìa. En biografìas. En correspondencias. En las limosnas sentimentales de mis pasaportes lunares.
"¿Para què te habrè parido?" Y una cachetada. Y una mojada con agua frìa y la oscuridad del baño. "¿Quièn me mandò a tenerte? Me arruinè la vida, sos un ente" Y desde el rincòn  escucho el crujir de las hojas. Y desvanezco. Me arranquè dos dientes y me cortè el pelo. Le dije a mi señorita que no iba a bordar el trapo de piso para mamà.  Dejè de comer. Me vinieron a buscar y la abuela empezò a cuidarme.
Y recuerdo el cuerpo ahì, tocando las hojas de la higuera, comiendo ciruelas amarillas, mirando a mi abuelo dormir la siesta porque quiero saber por què ronca y chifla y por què èl y mamà se pueden sacar los dientes y volver a ponerlos en su lugar y yo tengo que esperar.

Un dìa la fàbrica cerrò y la Biblioteca fue desmantelada. Llorè. Gritè. Me enfermè. Ya nada tenìa sentido. Mis amigas jugaban en la pileta. Odio el gua. Y los estupideces del verano. Mis amigos juegan al fútbol y atajo, para despejar el frìo del invierno. La primavera me resulta triste sin tener nada para leer en el pasto que revive. Pero en el otoño, todo cambia, porque me encierro en el monte.
Ocho años y trepada a los àrboles; me veo ahì, sin querer bajar. Trepaba con soga y al bajar me esperaban los azotes de mamà. Y el castigo que disfrutaba: no poder jugar con nadie.
Empecè con las defensas bajas, seguì con algo autoinmune, varicela, apèndice, y la depresiòn de mamà trasladada a mi cabeza.

Nueve años. Psicòlogos. No hablo. Se perfora el oìdo izquierdo. Empiezo, sin importar el alrededor, a abrazar y besar àrboles. Nacen tres amigos imaginarios. Uno muere. Otra se va y el otro se esconde seguido. Engordo al lìmite de la obesidad.

Ahora sigue: la adolescencia y mis delirios de ser jugadora de béisbol. Soy experta en hacer out y en tener velocidad para robar bases. Dos bateadas de los compas y hago entrada.Soy zurda y despisto al equipo contrario, el de los grandes. Juego en el equipo de mis compañeros de escuela; en la colonia las chicas nadan o hacen galletitas. Pintan banderines. Y yo, ahì, corriendo desesperada a atrapar la bola en el aire y disfrutar la muerte simbòlica de algùn pibe hasta que un dìa me cayò la pelota en la boca y me partiò el labio inferior. Sangrè. Gritaron. Pero insistì en que cuenten el out.  Siempre era la codiciada,  primera en ser elegida. El director de la colonia, la directora de la escuela y los profes de las actividades del club pueblerino, no me niegan la participaciòn en los juegos varoniles. El psicòlogo de turno los obliga. "Se aprovecha" dijo uno una vez. Me sentì descubierta y volvì a trepar àrboles. El monte hachado y descascarado por alimentar salamandras.

Estoy lejos de mi monte, huraña, reacia, dibujando los planos de las casas y ciudades de mis novelas favoritas. El elemento en comùn es el suicidio ¿Què sentiste Emma al ver el veneno en el botiquìn del farmaceùtico? ¿Què tanto alivia el mar Alfonsina? ¿Què momento sobreviene la lucidez Virginia? ¿Què tanto el gas Silvia?¿Què tanta desdicha se rompe con insistir ante el fracaso de un intento Alejandra? ¿Y què tanto un disparo al corazòn en una catedral Antonieta? Y no me olvido de vos Caicedito..
 En cada casa que vivo me niego a cortar el pasto. Sueño con que crezcan àrboles enormes, con sistemas de enramajes, que Cosimo me viene a visitar. Y vos tambièn. Y por las dudas leo y leo y leo y leo para no enamorarme de esos finales que me llaman.


miércoles, 10 de enero de 2018

A dos pasos de la puerta de la cocina, el espacio bosque avanza sobre mi cabeza,
se inundan los mosaicos con la tierra suelta de la calle destruìda (pròxima a ser asfaltada);
se arman oleadas de ramitas y en flashes de silencios, los hormigueros  florecen
apresurados.

Va a llover,
 va a salir el Sol,
va a caer nieve y se va
a rajar la Tierra.
las nubes van a ser màs espesas
y los cuadernos garabateados seràn escupidos con la rabia de la ausencia.
No me importa.
Te mantengo lejos porque tu carga de flores simuladas  y montes tramposos se adelantan
y me cuchichean lo terrible que sos.

Soplo con los pies un poco de tierra hacia vos;
funeral. destierro. renacimiento. fosa cariñosa. lamento del NO prolongado.
las hormigas pican para detener la acciòn.
lastiman. comen la piel, la carne, las heridas.

Tenès de tu lado los colores que se columpian en las paredes,
los ruidos fuertes que ciegan, los vientos que se encierran en los oìdos y
el enchastre cerebral de la duda que potencia la torpeza.
la violencia a  tu favor.

la retaguardia de las acciones bailan.
se van.estallan en un reintegro de dudas. boxean incertidumbres.
asì,
el nuevo tiempo que nace de lo que no serà, empantana nuestro
pasado, presente, futuro e insomio.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

elelvis

todo el miedo catalogado de improductivo;
todas las dudas culpadas de no accionar;
las palabras indivisibles que se estiran entre los codos
que hunden el almohadón.
la mirada perdida aunque es mejor nublada,
pasionaria y dèbil a la tormenta de caracteres anunciados
para los discursos vacìos.
pensarlo como una provocación, un lìmite, una manera
en que te veas obligada a decir no.
pero decìs nada.
vacìo existencial. amor mal conjugado.
 las frases se pierden en las medias que no combinan.
medias de toalla y sintètico en un dìa con treinta y cinco grados.
pero no importa.
salìs a comprar, con las piernas sin depilar,
arrastrando la bolsa que guardaba tus drogas,
resoplando nubes que no se evaporan y
crean neblina esponjosa y llena de cariño.


 y me rìo
y todos nos reìmos.
algunos escupimos.
devolvemos el lìquido por la nariz.

te devuelvo. y salìs en un grito.



“La primera vez que subí a un escenario estaba asustadísimo. No sabía a qué se debía el griterío, no me daba cuenta de que era por mis movimientos”.

martes, 12 de diciembre de 2017

Tenìas que pintar la ùltima sìlaba del verbo mal pronunciado que exclamò el chirrido de èse objeto casi identificado por la tontera de no mover las penas de lugar.
 Tenìas que pintar la sìlaba y dejarla con aire de reliquia, asì la miraríamos y tendrìamos motivo de charla.
Pero es cierto. La madera abriò su panza y nacieron brotes de nuestras escupidas sin rebotes. Entonces ¿què hay para pintar en estos dìas?
Terceros que hablan. Vomita lo bàsico.


El agua te llega a los tobillos, hace espuma, baja arremolinada entre las piedras; te gusta el frescor y el olor a madreselva;  hay montañas verdosas y hay rocas desprendiéndose. Se  intenta contenerlas con alambrados fuertìsimos, pero igual caen.Una rebota cerca de donde estàs y hacès un gesto de sorpresa que actuaste por las dudas.
Ahora  fumàs porque pensàs que eso te integra. Adolecès el propio interés para llorar en hombro ajeno y asì te inclinàs con un dolor cubierto de Sol que te quema hasta las uñas.
Caminàs con los ojos cerrados. Parece que disfrutàs, pero se que fingìs sentir la naturaleza que te rodea. Vos, seguro, te sentìas superior que todo, pero manifestàs que "què bàrbaro el universo, somos nada" y seguro reìs buscando que los otros participen de tu sin gracia.

Extraño tu estado singraciosismo. No siempre. Sòlo cuando te veo en esas situaciones. Dan ganas de decirte que sos tierno intentando ser lo que los demàs no saben ni siquiera què son. Ingenuo.
Un poco desorientado màs que dudoso. No te merecen. No te merecès.

Tenès el pantalòn arremangado, porque con los cortos te picarìan los mosquitos. Y ahora te arrepentís.  No estàs cambiando en nada, seguìs potenciando los mismos lamentos. Tu entusiasmo se desvanece cuando el cuarto es bebible, saborizado a recuerdo sin sentidos. Tu cara lo dice todo, de verdad. Lo leo en tu gesto.

Porque siempre te adivinè por los gestos;  y supe del final y del ahogo mental que me tenìas preparado cuando vi que aùn tenìas agua pegada en los tobillos.

chapoteo.

jueves, 7 de diciembre de 2017

De verdad. Voy a pasarte la lengua. La voy a arrastrar lenta, por tu cuerpo; sòlo por esos lugares en donde tenès lunares, manchitas y objetos desconocidos. Veo una constelación de imperfecciones que necesitan dibujarse con la saliva seca.
_Como la baba de los caracoles cuando ya no estàn pero sabès que pasaron_ decìs con tono de seriedad.

Estàs seguro de tus palabras. Las tiro cuando te respondo: una babosa tambièn pudo haber pasado.
¿Sos babosa o caracol?
Soy quien arma nuevas constelaciones y luego las hierve a punto de otoño desvariado.

Hay silencio.
La cortina de madera no baja ni levanta. Quedò a un cuarto de cerrarse. Està trabada. Està asì, y a los gatos del barrio, los pajaritos con calor, la basura de la calle,  les conviene. Entran y salen. Pero yo, cuando no me ves, cierro las hojas aunque me cueste abrirlas despuès. Sòlo la izquierda, que tiene la bisagra trabada.

Creo que tenès una multitud de errores andando por los  brazos. En el cuerpo que va hacia donde quiere ir pero no te da la cabeza para seguirlo.
Sì, todo bien. Mostrate hacièndote el disimulado, buscando que te mire, te inspeccione, y te hable. Pero te falta entender que no lo voy a hacer. Te toca a vos. Es tu turno ¿No te alcanzaron los nuevos planetas que dejè orbitando en la casa que ya no es tuya? ¿Y què hiciste con las palabras que te escondì? ¿Los libros? ¿Mi pedazo de sol sobre tu pelo quedò atorado en la canaleta que bajaba mal desde la terraza hacia el tùnel donde escondì las golosinas?

Otra vez la misma poesìa, sin traducciòn, apareciendo con la intenciòn de borrarse. Irse del todo al papel para seguir paseando en tu mochila. Otra vez la misma pelìcula con la contraseña que te resultò simple y a mi no.  Papas con salsita criolla, chistes que en verdad no lo eran. Tu falta de credibilidad. El chequeo de todo lo que decìas. Se me iban un poco los dìas sin saber que el centro de la òrbita era tu inseguridad. Tu actuaciòn. Sostener un rol ante los demàs.
Y asì empezò la herida. Ofreciéndose.
Podrìas haber guardado el filo de las palabras. Pero tu falta de confianza quiso que me desangre.

Muerdo los dedos, hay indicaciones sobre los planos de rotaciòn, la galaxia està reventando por los instructivos de tu cerebro, impulsado por el calor y el miedo de la conducciòn y movimientos de mi lengua. Gotean las lunas, hay parpadeos de abandono, un barco que vuela y aterriza con gusto a sal en tu espalda y de un bocado lo trago. Vomito un menjunje de otoño comestible, pero mejor, por su bien, decidimos envolverlo con papel film y al congelador. Te olvidaste de las cosas lindas. Las rebozaste de orgullo y cobardìa. Y apagaste el neón para hacerme llorar.

A vos se te van borrando todas las cositas esas y sòlo te van quedando mis constelaciones en tu cuerpo. Por ahì, por allà, por todos esos recovecos. Por eso, aunque tus palabras fueron un abuso de la verbalizaciòn, y vos no quisiste hacerte cargo de ellas, tu cuerpo caminò hasta mi lengua.

Y te quedaste ahì. De pie.Actuando con falso disimulo. Mientras la saliva me chorreaba por los pies.
Un viaje de noche humeante, en donde vos dudaste y yo seguì dolosa,  con la herida ardiendo.